Ya no me gusta
ese punto justo de sal
que le pones a la tortilla
ni el vaho
de tu ducha diaria
saliendo del baño
mientras duermo
no me gusta el reloj
que nos marca
la hora de las caricias
ni el sudor que se impregna
en la manta de nuestros domingos
pero no creas que por eso
ya no te quiero
solo estoy harta 
de que siempre lo hagamos
desde el mismo ángulo de la cama.